THE WHO Y GUNS N´ROSES HICIERON HISTORIA EN LA PLATA

Escrito por el 2 octubre, 2017

Porque los Who tocaron por primera en Argentina. Y porque los Guns N´ Roses dieron un show bajo la lluvia que las casi 50 mil personas que estuvieron no olvidaran. Lo primero que se viene a la mente es que en nuestro país el público no dimensiona el lugar que los Who tienen en la historia del rock. Pero como me dijo mi amigo Andy González durante el show, nada se le puede decir a los argentinos: los mismos que no le dan el lugar que los Who merecen son los que, como en ningún otro país, colocaron a los Ramones donde corresponde.

Frente a un público frío, la banda británica hizo lo que sabe hacer: rock. Con una lista plagada de hits y con mucha potencia sacudieron la modorra de la gente que ya para las 20 hora sufría la lluvia. “Behind Blue Eyes”, “My Generation” (ante la indiferencia de casi 40 mil personas) y otras tantas canciones provocaban respetuosos y tímidos aplausos. Ya para el final, solo “Baba O´Riley” provocó un mínimo pogo. Al cerrar el show sí se ganaron la ovación merecida.

A las 22.15, los Guns salieron a escena. “It’s so easy”abrió el fuego. Qué importa si es la misma lista de toda la gira, o si Slash hace el mismo yeite que hacía en los 90 con la canción de la película El Padrino o si el guitarrista y el cantante casi ni se miran. La banda la rompió. Axl lució mucho mejor que el año pasado en River. Cantó todo lo que tenía que cantar y hasta se lo vio de buen humor. Slash tocó todo el show abajo de la lluvia. A veces hasta pareció que buscaba el lugar donde más agua caía para pararse ahí y hacerle el amor a una de sus mil guitarras. Si la definición de Guitar Hero tuviera una foto en el diccionario, debería ser esa: el pibe de rulos, con su galera, su viola, en musculosa abajo del diluvio dando una clase magistral de lo que es ser rockero.

En el recital hubo temas de Chinese Democracy, hubo clásicos, hubo homenajes (Black Hole Sun, para Chris Cornell) y hubo agite. La banda no se guardó nada. Todos pasaron más de la mitad del show abajo de la lluvia, pero no importó. Pasada la mitad del recital muchos ya habían partido: el miedo a la autopista colapsada o al lunes mortal en la oficina pudieron más. Los que se quedaron y la bancaron hasta el final tuvieron premio: una versión exquisita de “Patience”, “Don’t Cry” y “Paradise City” que, como ya es costumbre, fue el final de fiesta. Tres horas que parecieron tres minutos y que se recordarán por tres siglos.

 


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