Ska-P: “La revolución será feminista o no será”

Escrito por el 3 febrero, 2019

En octubre de 2005, Pulpul se despedía saltando y entre lágrimas de un Club Ciudad de Buenos Aires repleto, ante un público proveniente del punk y del ska que no dejaba de hacer pogo aunque la música hubiera terminado. Esa noche, después de haber criticado a la gaseosa organizadora de aquel festival, el cantante de Ska-P había cerrado: “Lo recaudado hoy lo vamos a donar a la comunidad mapuche y a los comedores populares, porque no nos gusta tocar bajo la marca Pepsi”.

Ska, punk y protesta en la misma noche… y en todas las demás: esos son los tres ejes que atraviesan transversalmente la carrera de la banda española. Firme en su estilo, mantiene un sonido inconfundible que permite que cualquier canción de su último disco Game Over (2018) pueda ser confundida con una de aquel Vals del obrero que le ganó reconocimiento en 1996.

Ahora Ska-P se prepara para volver a la Argentina después de cuatro años, para tocar en el Estadio Único de la Plata el 8 de febrero (teloneados por Attaque 77, Cadena Perpetua, Kapanga y Rivales) y luego ser headliner del día 2 del Cosquín Rock, el 10 del mismo mes. “Estoy hasta nervioso después de tantos años de tocar ahí”, confiesa Pulpul. “Y no es peloteo ni huevadas, tocar en la Argentina es especial. No lo dice Ska-P solo, lo dicen todas las bandas. Lo vamos a disfrutar desde el minuto uno. Espero que la gente se lo pase igual que nosotros”.

La protesta política, social, debe estar en las canciones de Ska-P. Forman parte de la idiosincrasia de la banda. No me gusta dejar canciones vacías.

Ustedes han recibido críticas por tocar en festivales auspiciados por marcas, como aquella vez que se “despidieron” de la Argentina antes de separarse.
Cuando íbamos a dar ese festival, el último que íbamos a hacer en la Argentina y en América latina, en un principio el festival era Quilmes Rock, se llamaba así. Nuestro manager firmó con Quilmes Rock. Luego se cambió a Pepsi Music. ¿Qué hacíamos?¿Tirábamos el último concierto? Tú imagínate: “No chicos, no vamos a ir a Buenos Aires, porque se llama Pepsi, no se llama Quilmes”. Tomamos la decisión de hacer el concierto como despedida, pero no queríamos dinero de la Pepsi. Y donamos el dinero al colectivo mapuche y a los comedores populares de Buenos Aires. No cogimos un duro. Era una forma de despedirnos, de no quedar como el culo con la gente, y el dinero procedente de la Pepsi se repartió entre los más necesitados de allá. Creo que hicimos bien.

Las críticas a los músicos que representan alguna ideología suelen atacar por el lado de la incongruencia. ¿Qué pensás de cuando pasan estas cosas?
Que cada uno haga lo que quiera. Por ejemplo, el tema del Grammy, nos parecía mal recibirlo. No nos importa que una academia de músicos en California nos dé un premio porque ellos creen porque es el mejor disco de rock. A mí lo que me importa es que a la gente le guste el disco. ¿Para qué quiero un Emmy? Mi premio es ir a los conciertos y que estén llenos.

En una entrevista dijiste que “el mundo ha cambiado, pero para peor”, por lo que se podía esperar de Game Over un sonido más punk. Sin embargo, se vuelca más hacia el costado ska y reggae de Ska-P.
También tiene momentos de caña. “Eurotrama” es un tema muy cañero, “Cruz, oro y sangre” lleva mucha rabia en los estribillos. “Adoctrinados” también. No falta esa esencia. Pero no somos una banda de ska tradicional, cualquier turista lo sabe. Empecé escuchando aquí en España bandas como La Polla Records y Kortatu, que venían del ska y que eran muy punk, y decían verdades como puños. Por eso Ska-P es un abanico de variedad musical: partiendo de una base de ska, puede pasar cualquier cosa. Este disco salió así.

¿Puede estar la protesta sin necesidad de que sea tan punk?
La protesta debe estar, exceptuando alguna canción como “No lo volveré a hacer más”, que habla de la resaca, porque también somos gente alegre, divertida. Pero la protesta política, social, debe estar en las canciones de Ska-P. Forman parte de la idiosincrasia de la banda. No me gusta dejar canciones vacías.

¿Ya tocaron en vivo las canciones del disco?
Hemos tocado tres canciones en directo: “Jaque al rey”, “Cruz, oro y sangre”, y “No lo volveré a hacer más”. Estamos preparando alguna más, pero irán entrando y saliendo del repertorio. Por mí, tocaría más, pero para meter uno de los nuevos tengo que quitar uno de los antiguos, y es una putada. Es una pelea constante en el local de ensayo.

En “Cruz, oro y sangre” repiten la palabra mapuche “Marichiweu”.
Desde que vamos a la Argentina que hemos tenido contacto con el colectivo mapuche, más concretamente con Moira Millán. Hicieron 3000 kilómetros hasta Rosario para comentarnos cómo estaba la situación y cómo eran tratados por parte del gobierno. Siempre que tuvimos oportunidad, le dimos un espacio que pudieran manifestarse desde el escenario, y siempre se despedían con el “Marichiweu”. Les pregunté qué significaba y me dijeron que era “cien veces venceremos”, algo muy importante ellos con lo que están sufriendo. Entonces esta palabra está encajada en la canción. Ahora mismo el pueblo mapuche, como muchos otros de América latina, es subyugado a las grandes trasnacionales y corporaciones que se pasan los derechos humanos por los huevos y hacen lo que quieren, con el permiso de los gobiernos oportunos. Con Ska-P hacemos todo lo que podemos, siempre los recibimos con los brazos abiertos. En nuestro caso son mil frentes y colectivos que nos piden visualización. El pueblo que esté oprimido siempre tiene las puertas abiertas.

Ska-P

Hablando de los frentes que cubren, “Brave Girls” es el tema feminista de Game Over. ¿Cuál es su manera de militar el feminismo?
Desde nuestros comienzos tenemos muy clara nuestra posición: la revolución será feminista o no será. Desde que hicimos “Violencia machista” ya hay guiños a la igualdad de la mujer. Todavía hay mucho por caminar, porque todavía camina a la sombra del alfa, como dice la canción. Ahora es especialmente importante: el auge del fascismo y la ultraderecha ha entrado con mucha fuerza en Europa y en América latina, con el “nazi tropical” Bolsonaro. En España hay un grupo que se llama Vox que viene negando los derechos de las mujeres. Menos mal que ellas solas saben defenderse, no hace falta que los hombres hagamos nada, ni saquemos la bandera de nada. Han llenado las calles, han salido a protestas. Eso sí, estar a su lado es importante. Ahora que han aparecido estos brotes neofascistas a mí me asusta un poco, no sé qué está fallando, pero nuestros jóvenes se están equivocando. El fascista, el franquista o el nazi siempre ha estado ahí, dando por el culo y jodiendo, pero ahora las ideas populistas de estos nuevos partidos han calado en barrios obreros, y eso es lo que me preocupa realmente. ¡Hostias! ¿Qué está pasando? Los estudiantes de los barrios obreros éramos de izquierdas, desde donde se debe luchar por la igualdad, por los derechos de los trabajadores, jamás desde la ultraderecha.

Game Over es su primer disco sin Pipi, su histórica segunda voz. ¿Qué fue lo que pasó entre ustedes?
Con Pipi se acabó la química, es así de sencillo. No conmigo, con la banda completa. Hay una serie de cosas con The Locos (la banda de Pipi) que estaban salpicando a Ska-P y nada más. Poquito a poco se separó y llegó a un punto en que dije “es mejor romper a fingir”. Para qué vas a venir a tocar con Ska-P si no hay feeling. Decidimos seguir sin él. Ahora mismo viene con nosotros Eloi Yebra, que es el que hizo de de rey en “Jaque al Rey”. Es un actor que estuvo en algunas películas importantes aquí en España. Le preguntamos: “Oye, Eloi, ¿conoces a alguien pueda hacer esto?”. “Joder, yo, tío, yo me voy con vosotros a hacer la gira”. Siente mucho las letras de Ska-P y eso es lo que realmente queremos. Ha encajado perfectamente. Ya lo vereís allí, a ver qué les parece.

Hablabas de los planes a futuro, pero también hay rumores de una separación definitiva. ¿Tienen algo de verdad?
No, nada, porque ya lo hemos hecho una vez y volvimos. Cuando dejamos de tocar la primera vez, a mí me costó mis lloreras, fue algo muy gordo. Pero hay cosas en la vida que te van surgiendo y tienes que vivir, como es el nacimiento y crecimiento de tus hijos. Por eso decidí: “Yo me bajo del tren, chicos, quiero estar con mi hija”.

Se han dado sus tiempos.
Sí, pero, ¿sabes lo que pasa? A la semana, los diez días, estaba con la guitarra ya haciendo canciones. Y cuando terminas una canción y le pones una letra, y de repente tienes veinticinco canciones, dices: “Esto tengo que compartirlo con mi gente”. Es que la música es la droga más adictiva que he probado.

Nota de Silencio.com


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