«Highway To Hell» de AC/DC cumple 40 años

Escrito por el 28 julio, 2019

«Por la forma en que se comportaba, realmente pensé que Bon Scott era inmortal», le dijo Angus Young a la revista Guitar World cuando los ’90 empezaban a terminar. AC/DC recolectaba las ganancias de dos décadas de estrellato, tras pasar de ser una banda de bares a convertirse en un tanque rocanrolero de dimensiones de estadio.

Ese testimonio, poco común en el hermético mundo de los hermanos Young, da cuenta de la relevancia, la profunda influencia y el comportamiento desordenado de quien fuera el cantante en los primeros seis discos de la banda. Bon Scott apareció muerto en el asiento de atrás de un auto, ahogado en vómito, la tarde del 19 de febrero de 1980, a siete meses de la edición de Highway to Hell, el disco más importante dentro de la historia de AC/DC.

Para principios de 1979, AC/DC era un grupo de mediano éxito dentro del territorio europeo y sin lugar en las listas estadounidenses. El rock ruidoso, de grandes riff pero poco aceitado para las radios no cuadraba dentro del imaginario colectivo. Es por eso que Atlantic, su discográfica -que contaba entre sus filas a Led Zeppelin-, luego de infructuosos intentos por relanzar a la banda, estaba sucumbiendo bajo el poder de hierro que manejaba al grupo: los Young.

Tras cinco discos, le exigió un nuevo sonido para poder romper con el mercado estadounidense y expandir su propuesta. Tenían dudas sobre las habilidades vocales y el planteo estético simil carcelario de Scott. La primera medida que tomó la discográfica para quebrar esa estructura fue voltear una de la patas del trípode. George Young, hermano del núcleo creativo, era el productor de facto de los álbumes y había logrado un sonido salvaje y directo, pero la exigencia por una nueva mano detrás de las canciones logró dejarlo fuera.

Michael Kleffner, manager de artistas de Atlantic, despidió a George Young e intentó, sin éxito, lograr que Eddie Kramer -que venía de trabajar con Kiss- produjera a la banda. Con los tres hermanos todavía furiosos por la decisión de un nuevo productor, y ante la negativa de grabar en los estudios de Kramer en Miami, Malcolm Young amenazó con tirar todo el proyecto a la basura.

Así entró Robert «Mutt» Lange, un joven nacido en Zambia que acababa de clavar un par de número 1 en los rankings, y que se convertiría en el gran factor de cambio y éxito dentro de la banda.

Lange logró abrillantar el sonido crudo de las guitarras sin perder la potencia desmedida de la banda. Supo trasladar la agresividad hacia un grupo de canciones que se convirtieron en himnos de las generaciones venideras. Encontró un filtro pop dentro de tanta distorsión y acomodó rápidamente un grupo de temas que suenan agresivos pero que no pierden la frescura y la espontaneidad.

«Ese fue un cambio definitivo para AC/DC. En Atlantic Records estaban descontentos porque no podían poner a la banda en la radio, y estaban desesperados por que pudiéramos encontrar algo más accesible. Ya tuvimos nuestro propia forma de trabajar en algunos álbumes, así que pensamos: démosle lo que quieren y mantengamos a todos contentos», le dijo Malcolm Young a la revista Metal CD.

Por qué es tan especial el disco

La primera canción que grabaron en los estudios Roundhouse de Londres fue la que le da título al álbum, y que se incluye entre las más grandiosas de la historia del rock mundial. Con un estribillo para corear un estadio y un riff capaz de derrumbar cualquier pared idiomática, Highway to Hell se convirtió en la punta de lanza de un disco desprejuiciado y altanero.

Con letra de Bon Scott, «Girls Got Rhythm» afronta la mirada lasciva que caracterizó la escritura del cantante, con un estribillo radial y las guitarras Young ondulando sobre la melodía.

Tras un comienzo frenético, AC/DC amaga con bajar un cambio en «Walk All Over You» pero cualquier atisbo de freno se convierte en un cambio de marcha hacia la próxima velocidad con la voz de Scott al punto de quebrarse en cada curva y un coro engrosado por Malcolm y Cliff Williams, que le aportan el contrapunto perfecto para sonar en vivo. Con «Touch Too Much» vuelven a la ruta familiar de los excesos, con acordes económicos pero brutalmente interpretados.

En «Beating Around the Bush» y «Shot Down in Flames» se deja ver la mano de Lange. Canciones típicas dentro de la discografia, con metáforas sexuales poco esforzadas que gracias al brillo en su producción se convierte en un emblema dentro del álbum, gracias al doble juego de guitarras y las intervenciones precisas de Scott durante los breaks instrumentales.

De igual manera funcionan «Get It Hot» y «Love Hungry Man». Riff repetitivos, estructuras simples, bluseras y frescas que impulsan a ambas canciones hacia el estribillo, con Phil Rudd manejando el groove desde la batería. Llegando al final, «If You Want Blood (You’ve Got It)» es un monumento al climax, donde la batería funciona como un cañón que dispara hacia el frente un estribillo apto para estadio.

El cierre con «Night Prowler», una fábula blusera sobre un acosador podría haber virado hacia la teatralidad, pero gracias a Lange y a la tremenda performance de Scott logra convertirse en una balada terrorífica que cierra las puertas del infierno. Años más tarde, se volvería infame gracias al asesino serial Richard Ramirez, condenado por 13 asesinatos en 1989, que se dice podría haber tomado a la canción como inspiración para sus crímenes.

La moralina cristiana estadounidense hizo peligrar la edición de Highway to Hell en Estados Unidos. En una época de profundo arraigo de las costumbres y las buenas formas, un título tan directo, con una foto de tapa mostrando a un enano demoníaco vestido como estudiante secundario alarmó a la discográfica. Finalmente, los Young volvieron a salirse con la suya.

Se convirtió en un éxito instantáneo, tanto en Europa como en Estados Unidos, donde se transformó en el primer disco de oro de la banda. «Fue el primer resoplido que las cosas realmente iban a suceder para nosotros», comentó Cliff Williams.

Para no darle respiro al single, la banda comenzó una gira por el país, donde fueron creciendo en audiencia conforme pasaban los kilómetros. Después, regresaron a Inglaterra, donde Bon Scott ofrecería su última función el 27 de enero.

Su última noche con vida, Scott la pasó como vivió casi la totalidad de su adultez: ebrio en los bares. Su amigo Alistair Kinnear lo llevó casi inconsciente hasta su departamento, pero fue incapaz de moverlo y lo dejó durmiendo dentro del auto junto a una manta. A la tarde se levantó, fue hasta el coche y lo encontró muerto, revolcado sobre los asientos y con la garganta tapada por el vómito.

Durante esos primeros días de 1980, el grupo ya estaba embarcado en el sucesor de Highway to Hell. Los Young, fieles a su estilo show must go on, reclutaron rápidamente a Brian Johnson y siguieron adelante con las grabaciones. Back in Black, que sería lanzado unos meses después de la muerte de Scott, se convertiría en su perfecto epitafio, y Highway to Hell, en su legado.


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