A 25 años de “Dookie”, el disco de Green Day que estableció el punk pop

Escrito por el 3 febrero, 2019

Hace exactamente 25 años, Green Day largaba al mercado Dookie, su disco más vendido y el mejor de toda su carrera, un álbum coming of age que le marcó el pulso a la generación alternativa de pelos grasos y teñidos que empezaba a monopolizar la pantalla de MTV post Nirvana. Un cuarto de siglo después, Dookie se transformó en un clásico plagado de hits, desde la paranoica “Basket Case” hasta la más lenta, “When I Come Around”.

¿Por qué? Porque se trata de una gema del pop punk que sigue sonando fresca y sincera. La batería atropellada de Tré Cool abriendo camino, el bajo de púa filosa de Mike Dirnt y las letras de Billie Joe Armstrong recorren una temática a lo largo del álbum: los fantasmas que te acosan cuando estás solo y pareces no importarle a nadie más que a vos mismo cuando estás creciendo. Esta temática universal e infalible, con sobrados ejemplos de éxito, desde J.D. Salinger hasta Cris Morena, fue el principal motor para que 25 años después, Dookie siga siendo relevante.

Nadie sale vivo de aquí

“Declaro que ya no me importa” son las palabras que eligió decir Billie Joe con su voz nasal, casi congestionada, para abrir Dookie con “Burnout”. El “no me importa” es casi un lema del punk a través de sus más de 40 años de existencia: lo dijeron Joey Ramone, Johnny Rotten y hasta Kurt Cobain. Y es verdad que a BJ no le importaba nada hace 25 años.

A lo largo del álbum hay una lista de cosas interminables que ya no le importan, todas relacionadas a alguien que llegó al límite de lo que es capaz de soportar. Muchos creen que “Longview”, el primer corte de difusión del disco, es sobre la masturbación. Error: la canción es sobre el hartazgo de alguien que ya se cansó de hacerse la paja y que se está quedando sin ideas para conseguir placer. “Having a Blast”, “Welcome to Paradise” y “F.O.D” siguen el mismo discurso desesperanzado.

El despertar sexual también es un tópico de Dookie. Billie Joe tomó nota de letristas como Paul Westerberg, Bob Mould o Michael Stipe, y como ellos, puso su voz al servicio de quienes están descubriendo quiénes son, y escuchan ruidos en el armario que papá y mamá nunca van a entender. Así dice “Coming Clean”, de las letras más cortas pero más efectivas del disco. Green Day buscaba llegarle a sus nuevos fans por ese costado, que quienes se sientan marginados encontran un lugar en sus recitales. Por eso mismo eligieron a Pansy Division, una banda abiertamente gay, para que los acompañara en la gira de promoción de Dookie: Billie Joe y compañía estaban haciendo una declaración de principios con esa elección.


En cuanto al sonido, Green Day logró en Dookie lo que no había conseguido en sus dos álbumes anteriores: una identidad musical concisa y definida. Fue gracias a la coproducción de Rob Cavallo, el productor que acompañó al trío a lo largo de (casi toda) su discografía. Cavallo, que venía de trabajar con otra banda punk, The Muffs, puso la batería al frente, eliminó prácticamente cualquier intento de solo de guitarra y dejó solo los machaques de Billie Joe, siempre y cuando fueran en acordes mayores. El productor no solo tenía la misión de grabar a la banda que recomendó a Reprise, también tenía la obligación de realizar un producto que se venda, su deuda pendiente con el sello. Y Green Day vendió. ¿O se vendió?

Tontos melodramáticos

“Vendido” es un término que le hace mucha justicia a Dookie, que hasta la fecha lleva facturadas más de 16 millones de copias, pero no es una etiqueta que le haga justicia a Green Day. La partida de la banda que se había formado en la escuela de 924 Gilman Street -la cuna del punk del otro lado del puente de San Francisco- hacia una discográfica multinacional provocó un rechazo de gran parte de la escena del este de la bahía. En Gilman las reglas eran claras: si una banda firmaba con una multinacional, no volvía a tocar allí.

Pero ahí no terminaba la cosa, 924 Gilman Street era regenteado por Tim Yohannan, fundador de la revista independiente Maximum Rockandroll, que desde sus páginas también se encargó de rechazar la decisión de Green Day de abandonar Lookout! Records para pasarse a Reprise. Los dos primeros discos del trío de Berkeley ya eran los más vendidos de la escena junto al debut de Operation Ivy (la semilla de lo que luego fue Rancid), por lo tanto, el plan de crecimiento de Green Day había seguido su cauce natural. De toda la escena de la bahía, el trío era el que estaba para más. Solo necesitaba un golpe de suerte.

Bienvenidos al paraíso

Apenas editado Dookie, Green Day salió de gira por Estados Unidos, llenando todas sus fechas en lugares para no más de mil personas. El disco no había explotado todavía.

Pero el 8 de abril de 1994, apenas dos meses después de que Dookie saliera a la venta, Kurt Cobain fue hallado muerto en Seattle. Era el fin de la edad de oro del grunge. Pero a rey muerto, rey puesto: el fin de Nirvana dejaba una ventana abierta por el trono de la música alternativa. Por esa ventana entraron de cabeza bandas como No Doubt, The Offspring, Weezer y, por supuesto, Green Day. Todos ellas se adueñaron de la pantalla de MTV de un día para el otro y terminaron de dibujar la estética alternativa que definiría a la década del 90.

De pronto, las fechas de la gira en Estados Unidos habían cambiado a estadios para más de 10 mil personas, o encabezando festivales como Lollapalooza o Woodstock. La rotación pesada de sus videos en TV (“Longview”, “Welcome to Paradise” y “Basket Case”) no solo provocaron un crecimiento en las ventas de entradas y discos, sino que toda la escena punk se vio beneficiada gracias al éxito de Dookie. Y no fue únicamente la escena de California: en Buenos Aires, bandas como Fun People o Massacre se dieron cuenta de que ya no había que pelear por conseguir un show sino que ahora los interesados en que tocaran eran los dueños de los los lugares. Todo lo relacionado al punk comenzó a ser bien visto por la industria musical.

¿El nombre Dookie es una cagada? Sí, lo es, al menos en el estricto aspecto semántico del término: “dookie” significa “caca”. Y Green Day le puso ese nombre al disco con el que apostaba a llegar al estrellato en 1994. Milagrosamente, el disco sobrevivió a un nombre poco estratégico a base de canciones pegajosas ideales para adolescentes de 12 a 18 años. Esos mismos que hoy, ya mayores, tienen un motivo especial para darle play a esas 14 canciones que tienen la capacidad de llevar a cualquiera de paseo por esos años en los que todo hiere, todo asusta, y papá y mamá no pueden comprender.


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