30 años sin Fede

Escrito por el 21 diciembre, 2018

Federico fue un vanguardista. Dueño de una de las voces más finas de nuestro rock, este frontman demostró su liderazgo arriba de los escenarios y desplegó su gran talento con la maestría de muy pocos. Con una estética particular, supo sacar al rock de la meseta conservadora para incluir a otros públicos. Y eso le valió el repudio de los más pesados del movimiento, que se resistían ante cualquier cambio.

Nacido el 23 de octubre de 1951 en La Plata (sí, el mismo día que Charly García: ¡Glorioso 23 de octubre de 1951!), fue el cuarto de seis hermanos. Hijo del abogado Pico Moura y de la maestra y pianista aficionada Velia Oliva, de ellos aprendió los valores que conservó en sus escasos -pero bien vividos- 37 años.

A los 4 años su madre lo sentó frente al piano, el instrumento que había en la casa ubicada en la calle 12, número 1514, de la ciudad de La Plata. Tres años después ya jugaba con ser músico y cantaba en las reuniones familiares.

Mientras Velia le enseñaba algunas cosas de música, Federico iba a la escuela primaria que dependía de la Universidad Nacional de La Plata y practicaba rugby en La Plata Rugby Club, donde jugaba con sus hermanos.

Sobre el final de la primaria formó su incipiente primera banda, que apenas duró un suspiro: junto a Daniel Sbarra, uno de los futuros integrantes de Virus, tocaban temas de Los Beatles con guitarras criollas en la calle. El proyecto no prosperó pero su amistad con Daniel sí lo hizo.

En su adolescencia, mientras cursaba el secundario en el Colegio Nacional de La Plata, formó su primer grupo oficial: Dulcemenbriyo. Federico tocaba el bajo y hacía los coros en la banda que duró cuatro años e incluso llegó a salir del país para tocar en una gira por Bolivia.

El grupo coincidió con la época en la que cursó en la Facultad de Arquitectura, donde hizo tres años -como su hermano mayor Jorge- mientras militaba en el Movimiento Siloísta, corriente fundada por Mario Rodríguez Cobos, alias «Silo».

Jorge fue secuestrado en 1977 y se convirtió en uno de los 30.000 desaparecidos de la última dictadura militar. Ese hecho significó un golpe durísimo para toda la familia. Marcelo Moura, en un artículo publicado en Página 12 en 2014, lo recordó así: «Él también era amante de la música, sólo que entonces sus convicciones le hacían ver la música extranjera como una imposición del imperialismo. En un primer momento, muchas veces agarraba la guitarra y cantábamos zambas».

Federico nunca se refirió públicamente a su hermano mayor y la noticia de la desaparición trascendió poco tiempo después del fallecimiento del cantante. Meses antes de morir, le había comentado a su amiga Gabriela Borgna las razones de su silencio: «En esa época Jorge y yo pensábamos distinto en casi todo. Nos peleábamos mucho, pero nos respetábamos y queríamos mucho más. Por eso Virus no hace referencias públicas porque jamás se nos ocurriría ser tan guachos como para construir la fama del grupo sobre su muerte. Su muerte es de nuestra familia, de lo que le pasó a esta sociedad, pero no será nunca una estrategia de mercado».

Virus es la máxima expresión de la modernidad en el rock nacional. Esta banda platense, que en muchos aspectos lideró el panorama local de la década, despuntó en 1980 con una actitud muy frontal en un momento de acartonamiento generalizado. Sobre el escenario se ponía en funcionamiento un juego de seducción que atraía o alejaba, sin término medio. Virus debutó oficialmente el 11 de enero de 1980 en el Club de Leones de La Plata, como unos completos desconocidos, a pesar de haber estado ensayando previamente por meses.

Agujero interior fue editado, nada más ni nada menos, que el 10 de diciembre de 1983, el día en que asumió la presidencia Raúl Alfonsín y se confirmaba el retorno de la democracia al país. Tuvo como hits «Hay que salir del agujero interior», «El probador», «Carolina», «En mi garaje» y «Qué hago en Manila».

Esas canciones se escuchaban en las radios y los boliches, y consagraron a la banda como una de las más importantes y convocantes del país. A diferencia de trabajos anteriores, este disco contó con un sonido más potente y, como decíamos, permitió la llegada del grupo al público masivo.

Al año siguiente salió Relax (1984), que tuvo como éxitos los temas «Me puedo programar» y «Amor descartable»; en 1985 se editó Locura, que contó con «Pronta entrega», «Tomo lo que encuentro», «Destino circular» y «Una luna de miel en la mano»; y en 1987 fue publicado Superficies de placer, el último disco del que participó Federico.

En pleno proceso de composición, el cantante tuvo una fuerte neumonía. Debido a que no se le iba, los médicos le recomendaron hacerse un chequeo y, mediante un estudio, se confirmó que era portador del virus VIH.

«Nos shockeó, fue como una patada al hígado. Se armó como una onda de desazón general. Lo que había sido un plan antiestrés (grabar en Brasil), terminó siendo lo más estresante del mundo. Terminamos el disco a las patadas; todos los valores se cambiaron de un día para el otro», recordaría con el paso del tiempo Marcelo Moura.

Nueve meses después de editado el álbum, Federico ofreció su última presentación en el Teatro Fénix. Luego eligió alejarse de la actividad para transitar en privado sus últimos meses de vida.

En la madrugada del 21 de diciembre de 1988 se fue de este mundo en su casa de San Telmo a raíz de una insuficiencia cardiorrespiratoria. Ese día murió el ícono que cambió el rock nacional para siempre, una de las voces más exquisitas de nuestra música.


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